Música

La música… no sé, si ya disfrutaba de ella, antes de tener uso de razón, quizás no, ya que no compartía gustos musicales con nadie de la familia, al menos hasta los 12 o 14 años, edad a la que descubrí, que a un querido primo mío le encantaba Ozzy Osbourne (saludos primo). Desde que tengo uso de razón, la música ha sido una constante en mi vida, como la comida o el agua (incluso yo diría que más que el agua ).

Desde siempre, he escuchado todo tipo de música, aunque el Rock es mi religión, pero no sabría vivir solo con Rock. Que mi discografía sea muy, muy variada, no es casualidad, es que tengo una curiosidad musical incurable e insaciable, siento un cosquilleo en el estómago, un nerviosismo general cada vez que busco algo nuevo, y cuando lo encuentro, es como si las sensaciones que me produce la música, se dispararán, humildemente, creo que lo que experimento, cuando encuentro una nueva música que me satisface, debe tener algún parecido a descubrir una isla, una nueva especie animal, y desde luego, mucho mejor que descubrir un nuevo meteorito.

La música es para mi un vehículo, una especie de portal hacia mi yo más interior, más íntimo, también puede ser un excitante, que me impulse irremediablemente a moverme rítmicamente (no uso la expresión de “moverme rítmicamente”, por ser más poético, o más chulo, la uso porque es eso lo que hago, “moverme rítmicamente”, ya que no tengo casi ni idea de bailar), gracias a la música puedo concentrarme, inspirarme, relajarme, excitarme, y por todo eso, y mucho más, que no acierto a describir, uso y disfruto la música siempre que puedo.

Entre lo poco que he dormido en toda en mi vida, y la mucha música que he escuchado, muchas veces pienso, si no habré escuchado el doble de horas de música, de las que he dormido. Como en este blog hablo de todo aquello que me emociona, que me gusta, la música ocupará siempre un lugar predominante

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